Antes de convertirse en una de las royals más influyentes del mundo, Máxima Zorreguieta (53) construyó una sólida carrera en el mundo de las finanzas. Con una formación académica impecable y experiencia en bancos de renombre, la argentina dejó huella en Wall Street antes de ingresar a la realeza. Además de brillar en el mundo corporativo, la argentina criada en Recoleta impartió clases de apoyo de inglés y matemáticas.
De Buenos Aires a Nueva York: Los primeros pasos de Máxima
Máxima aprobó sus exámenes de bachillerato en el exclusivo colegio Northlands en 1988 y, en 1995, se graduó como Licenciada en Economía en la Universidad Católica Argentina. Su incursión en el mundo laboral comenzó combinando estudios con diversas experiencias profesionales.
Su pasión por las finanzas la hizo destacarse en distintas empresas, incluso apenas terminado el secundario. Sus padres, María del Carmen Cerruti Carricart (80) y Jorge Zorreguieta (1928-2017), repetían que su máxima apuesta había sido la educación de sus hijos.
Si bien los Zorreguieta no poseían fortunas como otras familias de la élite, cuyos hijos asistían a la misma institución en la que estudiaron figuras como la periodista Mónica Cahen D'Anvers, la cantante Sandra Mihanovich, Nelly Arrieta de Blaquier y las hermanas Silvina y Vanina Escudero, estaban convencidos de que esa educación sería la clave para asegurarse contactos.
Una chica con “banca” que daba clases de apoyo a alumnos y cómo escaló hasta Wall Street
Entre 1989 y 1990, mientras aún estudiaba en la universidad, Máxima trabajó en Mercado Abierto SA, donde realizó investigaciones sobre software especializado en mercados financieros.
Entre 1992 y 1995, fue parte del departamento comercial de Boston Securities SA. Todas actividades que, tal como indica la información oficial de a Casa de Orange, hacía en simultáneo con las clases de apoyo que brindaba como profesora de inglés para niños y adultos y de matemática para secundarios y alumnos de primer año de universidad.

Después de obtener su título, Máxima decidió expandir sus horizontes y se trasladó a Nueva York, donde consolidó su carrera en el ámbito financiero. En la Gran Manzana, entre 1996 y 1998 fue Vicepresidenta de Ventas Institucionales para América Latina en HSBC James Capel Inc.
¿Otros puestos de prestigio que tuvo en el rubro? En 1998 se unió a Dresdner Kleinwordt, donde se especializó en inversiones y estrategias financieras y un año después su ascenso continuó en Deutsche Bank, donde asumió el cargo de Vicepresidenta de Ventas Institucionales, una posición clave dentro del sector financiero internacional.

Los contactos y amistades influyentes en NY que la respaldaron y le abrieron el camino
Uno de los aspectos menos conocidos de la vida de Máxima en Nueva York es la red de contactos que desarrolló. Más allá de sus logros profesionales, sus habilidades como economista y su fluidez en varios idiomas (incluyendo inglés, español y portugués), Máxima tenía una habilidad especial para conectar con personas influyentes, tanto del ámbito financiero como del cultural y social.
Era una joven que ya entendía la importancia de las relaciones internacionales y cómo gestionar los riesgos financieros a gran escala. Ese un factor clave en su evolución personal y profesional. Entre sus amigos de la época se cuentan importantes figuras de la banca, así como personas del mundo artístico y diplomático.
¿Algunos de los vínculos que Máxima tejió en New York? Gracias a su amistad con el aristócrata español, empresario y deportista Álvaro de Marichalar (hermano de Jaime, quien fue esposo de la infanta Elena de Borbón), Máxima frecuentó círculos aristocráticos.
Otro vínculo que la marcó fue el de la socialité argentina y fotógrafa Delfina Blaquier, esposa del polista Nacho Figueras. Ambas compartían el lazo de ser argentinas en el extranjero, y las unía su conexión tanto en lo financiero como en el mundo artístico.
María Pía Garavaglia también fue una figura relevante dentro del círculo argentino en New York. Amiga íntima y también con formación en las finanzas, Garavaglia la ayudó a Máxima a integrarse más en los eventos sociales. Juntas asistían a ágapes culturales y cenas organizados por la selecta comunidad argentina en la ciudad.
Su época más alocada en NY fue cuando se instaló en una villa que alquilaba “el rey de la vida nocturna” Marc Biron en los Hamptons. En la residencia, conocida como “The Animal House”, dicen, cualquier cosa podía pasar. Según cuentan, era escenario de “cualquier animalada”, ya que era famosa por contar con “un jacuzzi ocupado casi a tiempo completo por gente desnuda”.
De su última experiencia corporativa premonárquica a la intimidad de la fiesta en la que conoció al futuro rey
La última escala de Máxima antes de embarcarse en su destino real fue en la Oficina de Representación Europea del Deutsche Bank en Bruselas, donde trabajó desde el año 2000 hasta marzo de 2001.
Esa fue su última experiencia laboral premonárquica. Conoció al por entonces príncipe Guillermo de los Países Bajos en 1999, en una fiesta que su celestina y excompañera de colegio, Cynthia Kaufman, organizó en Sevilla, España.

Kaufmann le hizo la mejor oferta, que cambiaría por completo el rumbo de su vida: “Tengo dos candidatos para presentarte en Sevilla; uno muy rico (Guillermo de Holanda) y otro muy guapo, Federico de Dinamarca”.
No es novedad la obsesión de Máxima por apuntar a la crème de la crème. La royal no daba puntada sin hilo. “La historia de Máxima es una historia de éxito, del triunfo de una mujer que donde puso el ojo, puso la bala”, dijo Rodolfo Vera Calderón, autor de Máxima, la construcción de una reina.
El encuentro fue casual, pero lejos de ser un flechazo inmediato, la argentina no quedó impresionada con el heredero al trono. De hecho, cuando él se presentó simplemente como “Alexander”, sin revelar su título real, a ella no le despertó demasiado interés. Lo describió como un hombre simpático, pero de conversación simple y sin demasiado atractivo a primera vista. Esa misma noche Guillermo le pidió el teléfono.
Días después, cuando Máxima descubrió su identidad real, se sorprendió, pero ya empezaba a disfrutar de su compañía. Guillermo Alejandro la invitó a esquiar en Noruega (uno de sus deportes favoritos) y luego a los Países Bajos, donde la relación se afianzó rápidamente.
El 2 de febrero de 2002, la “plebeya” y el príncipe de Holanda dieron el “Sí, quiero” en una emotiva ceremonia religiosa en la iglesia Nieuwe Kerk, en Ámsterdam, sellando un final feliz de princesa como los que veía de chica en el cine.
En la entrega de diplomas de quinto año, Máxima le había jurado a una compañera de colegio: “Yo me voy a casar con un noble”. Esa orden al universo, una verdadera y sentida invocación, la asumió como una realidad cumplida.
Fotos: archivo Grupo Atlántida y Fotonoticias.